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Clásicos para adolescentes

Dice el tópico que la adolescencia es una época difícil para cualquiera. Pero es también un período en el que leer ciertos libros puede cambiarlo todo.

Dice el tópico que la adolescencia es una época difícil para cualquiera. Pero es también un período de avidez y curiosidad en el que leer ciertos libros puede cambiarlo todo.

No es fácil decir qué obras son mejores para que un adolescente se asome a la mareante y colorida inmensidad de la literatura. Aunque algunos programas educativos parezcan sostenerlo, no existen apuestas infalibles, pero sí opciones con más probabilidades de éxito que otras. A día de hoy, esos libros van a tener que luchar por sus minutos contra los teléfonos móviles y las tablets, así que la cosa va en serio. 

Presentamos un pequeño ejército de páginas con largas décadas de experiencia y muchas batallas ganadas, así que lo que no logren unas, seguramente lo lograrán otras.

El guardián entre el centeno

El guardián entre el centeno

Holden Caulfield tiene dieciséis años y está hecho un lío; un punto de partida con el que hay grandes probabilidades de que el adolescente medio se identifique. Salinger publicó en 1951 el clásico entre los clásicos estadounidenses en lo que a lecturas para teenagers se refiere. Otra cosa, claro, es que la arrolladora fama adquirida con el libro convirtiera a su autor en el tipo más huraño del mundo.    

Siddhartha

Siddhartha

Conviene no confundir al gran Hermann Hesse con los muchos escritores modernos que navegan entre la autoayuda y la filosofía de microondas. Porque Hesse ganó su voz y su sabiduría con años, trabajo y carácter, y Siddhartha es una de esas pequeñas maravillas que se disfrutan desde la primera página gracias a su limpísima prosa, su aliento poético y, sobre todo, su aplastante autenticidad.

La isla misteriosa

La isla misteriosa

Una historia de náufragos siempre es una historia atractiva, especialmente si está en manos de Jules Verne y su fantasía desatada. Una huida en globo, un huracán, una caída en una isla y un montón de acontecimientos extraños se suceden sin dar respiro. Pero eso no es más que un calentamiento para Verne, que aún se sacará de la manga un ataque de piratas, una erupción volcánica y un moribundo al mando del submarino más carismático de la historia. 

El señor de las moscas

El señor de las moscas

También William Golding hizo naufragar a sus personajes en una isla, pero con ideas muy diferentes a las de Jules. Primero, porque esta vez se trata de un grupo de adolescentes, y segundo, porque la novela no pretendía ser una trepidante aventura, sino una reflexión sobre ese salvaje que todos llevamos dentro y disimulamos con un fino barniz al que llamamos civilización. 

El conde de Montecristo

El conde de Montecristo

Otro de los maestros incontestables del XIX, Alexandre Dumas, nos dejó esta joya que se lee sin parpadear igual a los quince que a los sesenta y que arranca de una manera amarga, con un hombre injustamente condenado desesperándose en prisión. Lo que viene después es el relato de una larga y minuciosa venganza que hizo de Edmundo Dantés un personaje icónico en la novela de aventuras, y contribuyó a que Dumas amasase una bonita fortuna que no le costó nada dilapidar. 

Fahrenheit 451

Fahrenheit 451

Otra para que nuestros adolescentes usen un rato la cabeza. Es sabido que la ciencia ficción resulta un campo abonado para plantear dilemas filosóficos y morales. En particular, no hay como una buena distopía para todo eso, y la de Ray Bradbury apunta, precisamente, a los libros. Unos libros que la sociedad futurista ha prohibido para evitar las muchas desgracias que trae la lectura a los seres humanos, la peor de las cuales parece ser la capacidad para pensar solos.  

Ivanhoe

Ivanhoe

De nuevo la aventura, de nuevo el XIX. Pero sería injusto tratar a Walter Scott únicamente como pionero de eso que llaman novela histórica, porque fue además un magnífico escritor, capaz de construir historias que sostienen la tensión y el interés durante cientos de páginas. Ivanhoe, quizás la mejor de ellas, es un apasionante relato de castillos, bandidos, templarios iracundos y monjes espadachines en aquella Inglaterra en la que normandos y sajones no se acababan de llevar bien.   

Océano mar

Océano mar

Sí, es una obra que no ha cumplido treinta años, pero no estaría mal acordarse de ella cuando hablamos de despertar el interés de los adolescentes. Lo de Baricco, por supuesto, tiene poco que ver con Verne o con Dumas, y su extraordinaria novela va alternando formas y experimentos narrativos con la mayor naturalidad. Pero esa historia, que empieza en una peculiar posada frente al mar en la que coinciden personajes también peculiares, tiene la fuerza, el magnetismo y el encanto que todos deseamos encontrar cada vez que abrimos un libro, sea cual sea nuestra edad.

Confiamos en que esta corta lista, alejada quizá de los criterios ministeriales, sirva para que alguna persona de doce o de dieciséis años encuentre unas cuantas de esas cosas que solo los libros pueden dar.

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