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De cómo Charles Perrault inventó el cuento infantil

Charles Perrault es el autor de algunos de los cuentos infantiles más importantes de la historia de la literatura: La Bella Durmiente, Caperucita, Cenicienta, El Gato con Botas…

Cuando en 1697 se publicaron los Cuentos de Mamá Ganso, ni su propio autor, Charles Perrault, podía soñar que siglos después continuaría hablándose de la obra. Aquella recopilación de historias orales de la vieja Europa no dejaba de ser un simple entretenimiento para un hombre de su posición social; una diversión que incluso le causaba cierto embarazo. Por eso, en el libro no figuraba su nombre sino el de su hijo, un joven al que resultaba más fácil imaginar dedicando tiempo a los cuentos de hadas.

Perrault y el éxito inesperado

Charles Perrault no era un humilde campesino de tantos que poblaban Francia. Al momento de la publicación de la obra, también conocida como Cuentos de antaño, ya contaba sesenta y nueve primaveras y había ocupado varios puestos relevantes en la corte del Rey Sol.

Era también un hombre culto y leído; un escritor diletante que frecuentaba los salones parisinos y las reuniones literarias. En una ocasión, incluso, un poema suyo que defendía la superioridad de los autores de su tiempo sobre los clásicos de la literatura había dado lugar a una sonada polémica, conocida como querella de los antiguos y los modernos, en la que entraron al trapo todas las personalidades del momento.

El caso es que Perrault escribió mucho, pero los escritos que le interesaron a él no fueron, paradójicamente, los que le interesarían a la historia. Y de no ser por los Cuentos de Mamá Ganso, aquella obrita sin aparente importancia, hace mucho que su nombre y su recuerdo se habrían perdido.

¿Por qué fueron tan bien recibidos los Cuentos de Mamá Ganso?

Es fácil hacer de adivinos del pasado, pero parece claro que aquel volumen fue el resultado de una afortunadísima mezcla de ingredientes. Perrault tomó antiguas narraciones orales francesas e italianas y una buena pizca de leyendas del Medievo, y luego trabajó pacientemente para pulir y acomodar todos los elementos en historias bien acabadas. Quizá con el deseo de agradar a todo el mundo, eliminó algunos detalles escabrosos, crueles o directamente espeluznantes, como el involuntario canibalismo de Caperucita o los dedos mutilados de las hermanastras de Cenicienta para encajar su pie en el dichoso zapato.

A cambio, Charles añadió gotas de humor y dotó a las tenebrosas historias originales de cierta elegante ligereza y un final feliz, consolador en una época tan dura. Creó además una moraleja para cada relato, dándole a su obra una dimensión educativa que, de paso, le libraba de sospechas por parte de las mentes biempensantes.

Los ocho cuentos que componían el libro (en ediciones posteriores se añadirían tres más) fueron rápidamente un éxito. Perrault acababa de inaugurar, quizá inconscientemente, la tradición de los cuentos infantiles, pues las fuentes de las que había bebido tenían muy poco que ver con los niños. Eran historias que se contaban en torno al fuego de las largas noches invernales, y que el autor francés supo convertir, definitivamente, en algo distinto.

De ello se alimentarían, más adelante, los hermanos Grimm, la factoría Disney y centenares de autores de los más diversos tipos. La obra de Perrault únicamente tendría que superar el desprecio que los ilustrados, en su obsesión racionalista, sintieron por las tradiciones en las que estuvieran presentes la magia, la fantasía y la superstición.

Los ocho cuentos de Perrault

En aquella edición de 1697 se incluían, como ya hemos dicho, ocho relatos. La mayoría de ellos son enormemente conocidos a día de hoy, pero no todo el mundo sabe que su primera versión escrita se debe a Charles Perrault. Así que será de justicia recordarlos.

La bella durmiente del bosque

La bella durmiente del bosque

En La bella durmiente del bosque hay un hada diabólica que lanza una maldición de muerte a una princesita, y un hada buena que consigue que, en lugar de morir, la joven se quede dormida a la espera de un príncipe que la despierte. El príncipe llega, rompe el hechizo, se casa con ella y son felices para siempre.

Caperucita Roja

Caperucita Roja

Caperucita no acaba de forma tan amable. Aunque Perrault aligeró mucho el terrorífico relato tradicional, en su versión sigue siendo el lobo quien se sale con la suya y se zampa tanto a la abuelita como a la pequeña. Seguramente así resultaba más efectiva la advertencia implícita en la narración.

Barba Azul

Barba Azul

No menos terrorífico resulta Barba Azul, inspirado, al parecer, en el monstruoso noble francés Gilles de Rais. La joven esposa del personaje que da título al cuento descubre que su marido guarda los cadáveres de sus anteriores mujeres, algo que tiene cierto parecido con la historia de Pulgarcito y sus hermanos, ayudados por una dama bondadosa unida a un ogro comeniños.

El gato con botas

El gato con botas

El gato con botas también cuenta con su ogro y con su personaje pequeño, inteligente y animoso. Y es que la confrontación de los opuestos forma parte de todos los relatos. En uno de los menos conocidos, Riquete el del copete, un hombre sensato pero feo se casa con una mujer bella, pero con pocas luces. Ambos se contagian mutuamente sus virtudes gracias a las fuerzas mágicas y comen perdices hasta el final de sus días.

Cenicienta

Cenicienta

Una felicidad que tampoco falta en Cenicienta ni en Las hadas, pues siempre acaba apareciéndose a las personas buenas y generosas, y esquivando a las malas y egoístas. Eran los mensajes optimistas y esperanzadores con los que Charles Perrault quiso dulcificar las cosas a sus contemporáneos, y con los que, casi sin querer, ganó para su obra un hueco entre los libros más famosos de todos los tiempos.

Cuentos completos, Charles Perrault
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